viernes, 31 de diciembre de 2010

"El rugby femenino, ni es rugby ni es femenino".


“Las ideas se tienen, en las creencias se está”. Así empezaba uno de sus libros el profesor Ortega y Gasset. Así empiezo yo el último post del año frente al frontispicio de este apartado. Para el filósofo, tanto ideas como creencias pertenecían al mismo bloque que ayudan a la persona a saber situarse y orientarse en la vida. Decía, que no se puede vivir sin convicciones ni interpretaciones del mundo. Distinguía “las ideas” como los pensamientos que se nos ocurren acerca de la realidad, o las descripciones con las que podemos examinar y valorar el resultado de nuestro pensar. Desde una simple deducción hasta la más alta argumentación científica pertenecen al orden de esas ideas. “Las Creencias”, por su parte, operan desde el fondo de nuestra mente, las damos constantemente por supuestas y contamos con ellas. Como cuando caminamos que damos por supuesto que el suelo es rígido y que podemos pasear sin que nos hundamos en él. Es un proceso automático no reflexivo.

Así ocurre un poco en el contexto de la igualdad de género en el deporte. Hoy en día somos capaces de valorar y determinar, en el plano de las ideas, desigualdades de derechos pero no así en el de las Creencias. Pensamos, -tenemos idea- de tener una orientación muy positiva en un plano igualitario. Se respeta, se deja un pequeño espacio para una paridad forzada, se co-educa, se dan mismas posibilidades, y de vez en cuando, somos capaces de denunciar hechos sexistamente parciales con el prestigio del reconocimiento progresista de nuestro tiempo. Incluso institucionalmente está bien visto tener y ostentar publicitariamente comisiones que aunque no tengan contenido como el que anuncia la web de nuestra federación Mujer y Deporte, tienen un valor político de publicidad oportunista.

En el plano de las creencias es más difícil y es lo realmente complejo de cambiar. Como educadores-educadoras, entrenadores-entrenadoras, padres-madres, seguimos siendo partícipes sin darnos cuenta de la reproducción de un sistema hiper-estereotipado en el que no dejamos de construir y atribuir unos valores artificialmente formados de masculinidad y femeneidad. La construcción, empieza incluso antes de la escuela donde ya se ven divisiones; los chicos hacen deportes de “invasión” (fútbol, balonmano), las chicas de “no invasión” (volley-tenis-natación), los chicos hacen deportes de dominio material-técnico complejo (automovilismo, motociclismo, montainbike) que reproducen sin darnos cuenta el futuro control del mando de la televisión, el dominio de lo informático en casa, incluso es la causa del dominio masculino en las ingenierías técnicas de las universidades. En algunos casos resulta simple e irrelevante si no fuera por el valor simbólico de poder que adquieren. En otros casos, resulta hasta primitivo, como cuando los hombres se juntan en verano a encender la barbacoa como recordatorio ancestral del dominio del fuego y la técnica, mientras que las mujeres se agrupan como amamantadoras de crías y ancianos.

El conocimiento pedagógico hoy en día es abrumante y se sabe de sobra de la importancia de ayudar a los niños y niñas de la misma manera, para formarse como personas sobre el apoyo de su dominio motriz y el éxito de sus acciones físicas. A pesar de eso, vivimos en una sociedad donde la gran mayoría de las niñas se sienten torpes y no quieren asumir ejercicios que les suponga cierta dificultad técnico-motriz..
A las niñas no se les regala un balón por reyes, no se les regala juegos de complejidad técnica que no se salgan del ámbito doméstico, no se las enseña a caer ni a realizar juegos de contacto, y esto, tiene enseguida una influencia en sus preferencias que las condiciona en sus opciones de futuro. Una herida en un niño es diferente de una herida en una niña lo que se reproduce a tal extremo y se interioriza dentro del plano de las creencias, que es muy común ver como médicos son capaces de dar diagnósticos diferentes y tiempos de recuperación distintos para cosas tan sencillas como un esguince. En definitiva, dependende del valor estereotipado que le atribuye al género de su paciente. Los médicos incluso llegan a recomendar el cese de las prácticas deportivas a las chicas, y más si son de contacto.
Todo esto no es más que una transferencia de lo que el diccionario de sinónimos nos dice de femenino: Suave, tierno, delicado, fino, frágil,... y que como antónimo: Masculino; se sobrepone brutalmente con el sinónimo de fortaleza, virilidad, seguridad. ¿Pero son realmente caractéres intrísecos o son más bien construcciones asociadas?

La agresión es tal, que una niña que decide jugar al rugby no es que solamente se le genere una oposición por falta de reconocimiento externo, sino que tiene encima que asumir las expresiones internas de esas creencias que por el lenguaje damos a conocer: –“Parecéis niñas”. –“Mi madre placa mejor que vosotros”. –“Necesitamos más cojones en la entrada en los rucks”. En definitiva, hay que hacerse un "hombre" para valorar la reciedumbre y experiencia de la vida. Llámamos "señor" al árbitro como símbolo de respeto, porque llamar "señora" a las árbitras no queda bien. Suena raro dentro de ese significado interno "doméstico-hogareño" de "mujer de", "entrada en años"...que tiene.

La conquista del plano de las ideas y el desarrollo de derechos sociales ha hecho mínimamente mediático el contexto deportivo de alto nivel femenino. Pero, no hemos pasado de la creencia que supone asumir que el ejercicio físico des-feminiza el cuerpo de la mujer, llegando incluso a categorizarlo en planos estéticos. Esto, no es más que asumir una categorización prehistórica de fragilidad doméstica, y reconocer el dominio de la representación del macho Alfa Ronaldo que invade nuestra mente.

Admiro a las rugberas por subversivas inconscientes del sistema de dominio masculino.
-"¿Túuu!!?? ¿De verdad juegas al rugby?

3 comentarios:

Mica dijo...

La cuestión de género siempre me genera cierta inquietud mental. Hombres y mujeres, somos iguales? Mi respuesta, aunque dude, siempre es negativa. Para mí NO somos iguales. Si las diferencias son estrictamente sociales o no, ya es otra cuestión.

Sin embargo (y voy a restringirme al deporte) lo injusto es que se nos haga creer que esas diferencias restan "nivel" o "calidad" cuando el deporte está practicado por mujeres.

Pero si hay algo de este artículo con lo que estoy especialmente de acuerdo y que me hace hervir la sangre es que "vivimos en una sociedad donde la gran mayoría de las niñas se sienten torpes y no quieren asumir ejercicios que les suponga cierta dificultad técnico-motriz...". Porque lo veo en las niñas, porque siempre lo vi en el cole y porque me frustra enormemente sentir que parte de mi torpeza personal es "adquirida".

A parte de todo eso, GRACIAS, Antifón

Antifón dijo...

Pues no, no somos iguales.
Deberíamos empezar a hablar de Equidad más a menudo por que técnicamente las políticas de igualdad no persiguen igualdad. Sino EQUIDAD.
La equidad viene a ser un reconocimiento de la igualdad desde la diferencia. Igualdad de derechos, oportunidades y responsabilidades.

Gracias a tí por todas las aportaciones que enriquecen tanta este blog.

Anónimo dijo...

muy buen articulo pa terminar el año y empezar EL 2011 con propositos de EQUIDAD. SOLO HACE FALTA ESTAR UN RATO EN LA GRADA DE CUALQUIER PARTIDO DE RUGBY MASCULINO(O A VECES HASTA EN LOS ENTRENOS)PARA OIR COMENTARIOS SEXISTAS PARA REFERIRSE AL "MAL JUEGO" DE LOS CHICOS...COMENTARIO S Q VIENEN DE BOCA DE TIAS Y DE TIOS INDISTINTAMENTE!una penita, vaya. Pero estoy segura q entre todos y con ayuda del tiempo podemos hacer q esto cambie. ANIMO!!